Uso clínico de la realidad virtual en el abordaje del equilibrio en pacientes con trastorno mental grave

Uso clínico de la realidad virtual en el abordaje del equilibrio en pacientes con trastorno mental grave

Durante la I Jornada de Realidad Virtual en Rehabilitación, celebrada en el Hospital Universitario MútuaTerrassa en abril de 2026, Luis Lomba de Teresa, fisioterapeuta del Hospital Universitario Doctor Rodríguez Lafora, compartió la experiencia de su equipo en el uso clínico de la realidad virtual para trabajar el equilibrio en pacientes con trastorno mental grave.

Su intervención partió de una idea especialmente relevante desde el punto de vista rehabilitador: en salud mental grave, el problema no se limita al diagnóstico psiquiátrico. Con frecuencia, estos pacientes presentan alteraciones motoras, comorbilidad física, alta dependencia funcional, efectos secundarios farmacológicos y una importante dificultad para vincularse al tratamiento.

Desde esta perspectiva, la realidad virtual aplicada al equilibrio en pacientes con trastorno mental grave se plantea como una herramienta útil no solo para trabajar control postural, coordinación o prevención de caídas, sino también para mejorar la adherencia terapéutica y facilitar la participación en el proceso de rehabilitación.

Este contexto clínico presenta características muy específicas que condicionan la intervención fisioterapéutica y hacen especialmente relevante el uso de herramientas terapéuticas estructuradas, seguras y adaptables.

Tabla de contenidos

Un entorno clínico con alta complejidad asistencial

Luis Lomba explicó que el Hospital Universitario Doctor Rodríguez Lafora es un centro monográfico de salud mental, de referencia en la Comunidad de Madrid para el abordaje del trastorno mental grave. Se trata de un hospital público con diferentes unidades de corta, media y larga estancia, además de hospital de día y unidad de adicciones.

Uno de los puntos más importantes de su intervención fue recordar que, en este tipo de población, el diagnóstico psiquiátrico no basta para entender las necesidades del paciente. Lo que realmente condiciona el tratamiento es el grado de dependencia, la comorbilidad asociada y la complejidad funcional.

En estos pacientes son frecuentes la patología cardiovascular, respiratoria, la obesidad, el síndrome metabólico y el desacondicionamiento físico secundario a inmovilidad. A ello se suma una elevada carga farmacológica, con especial impacto de la medicación psiquiátrica sobre la función motora, incluyendo síntomas extrapiramidales y alteraciones del control postural.

Todo ello incrementa de forma significativa el riesgo de caída y convierte el trabajo de equilibrio en un objetivo prioritario dentro del abordaje fisioterapéutico.

La tecnología como herramienta de vinculación terapéutica

Uno de los mensajes más claros de la ponencia fue que, en este perfil de pacientes, el primer objetivo no siempre es motor. Antes de plantear una mejora funcional, es necesario conseguir adherencia.

Luis Lomba subrayó que se trata de pacientes difíciles de vincular, con rechazo frecuente a determinadas intervenciones, escasa continuidad en los tratamientos y, en algunos casos, resistencia al contacto físico directo. En ese escenario, introducir una herramienta tecnológica puede parecer, a priori, una dificultad añadida. Sin embargo, la experiencia de su equipo ha sido la contraria.

La realidad virtual ha funcionado como una vía de entrada terapéutica. El componente lúdico, la estructura predecible de la tarea y la interacción con un entorno visual controlado han facilitado que muchos pacientes acudan más, participen mejor y toleren la intervención con menor rechazo.

La herramienta no sustituye la relación terapéutica, pero sí puede ayudar a construirla.

“Al final es un entorno lúdico, es un entorno seguro en el que es más fácil generar un poquito de adherencia.”

Qué tipo de realidad virtual se utiliza en este contexto

En esta experiencia clínica, el equipo optó por trabajar con una modalidad de realidad virtual semiinmersiva. Esta elección no responde a una preferencia tecnológica abstracta, sino a una decisión clínica adaptada al perfil de paciente.

Según explicó el ponente, en trastorno mental grave es frecuente encontrar pacientes con dificultades sensoriales, torpeza motora, alteraciones del equilibrio, vulnerabilidad perceptiva o sensación de malestar ante entornos demasiado demandantes. Por ello, una solución muy inmersiva podría generar rechazo, angustia o menor tolerancia.

La realidad virtual semiinmersiva ofrece un entorno suficientemente atractivo y motivador, pero manteniendo un mayor control del contexto por parte del terapeuta y una experiencia menos invasiva para el paciente.

En este caso, el valor no está en cuánto “sumerge” la tecnología al usuario, sino en cuánto se adapta a sus capacidades reales.

Integración de la realidad virtual en la práctica clínica diaria

Trabajo de alcances mixtos y disociación corporal

Uno de los ejercicios utilizados con más frecuencia es el de alcances mixtos. Con esta tarea trabajan la disociación entre miembro superior y miembro inferior, el tiempo de reacción, la coordinación óculo-manual y el equilibrio dinámico.

Según explicó Luis Lomba, estos pacientes se benefician especialmente de entornos repetitivos y predecibles. Repetir una misma tarea no empobrece la intervención, sino que genera seguridad, orden y confianza.

“Mejoramos también el tiempo de reacción, que es importante a la hora de evitar una caída.”

Ajustes posturales, lateralidad y kinesiofobia

Otra parte del trabajo se centra en actividades de miembro superior en distintas posiciones, con el objetivo de provocar pequeños desplazamientos del centro de gravedad y exigir ajustes posturales finos. Este tipo de tarea permite entrenar el equilibrio estático y el control corporal sin necesidad de recurrir a ejercicios excesivamente complejos, algo especialmente útil en pacientes con gran fragilidad funcional o baja tolerancia a tareas nuevas.

Sin embargo, el valor de estos ejercicios no se limita al control postural. Según explicó Luis Lomba, en muchos pacientes con trastorno mental grave existe también una importante carga de kinesiofobia y dolor crónico persistente, a menudo vinculada a cirugías previas, fracturas antiguas o experiencias corporales que siguen viviendo como si continuaran en una fase aguda. En estos casos, la movilización repetida del segmento dentro de una tarea guiada y con sentido contribuye a una cierta desensibilización al movimiento y reduce la auto-restricción funcional.

Además, estas actividades permiten trabajar la coordinación óculo-manual y la lateralidad. Aunque pueda parecer un objetivo básico, el ponente subrayó que en este perfil de pacientes no siempre está bien integrada la discriminación entre derecha e izquierda. En este sentido, el uso de referencias visuales claras, como colores y consignas simples, facilita mucho la comprensión de la tarea y mejora la ejecución.

Desplazamientos laterales y trabajo funcional de miembro superior

Otro de los ejercicios empleados permite trabajar desplazamiento lateral junto con movilidad y suspensión de hombro. En un perfil de paciente con gran dificultad para moverse o incluso para realizar actividades básicas como comer, estas tareas ofrecen un puente entre el trabajo postural y la funcionalidad de miembro superior.

Además, facilitan posteriormente el trabajo más específico de otros profesionales del equipo sobre movilidad fina o actividades funcionales.

Marcha y evitación de obstáculos

Uno de los ejercicios mejor aceptados por los pacientes es aquel que simula caminar evitando obstáculos. Según el ponente, esta actividad es percibida como algo más cercano a la vida diaria y resulta especialmente útil en situaciones donde el paciente necesita herramientas para desenvolverse en entornos hospitalarios con mucho estímulo, movimiento o ansiedad, como puede ocurrir en horarios de comedor o en espacios compartidos.

La simplicidad de la tarea, lejos de ser una limitación, es precisamente una de sus fortalezas.

Un caso clínico especialmente llamativo

Luis Lomba compartió además un caso clínico que, aunque no estaba centrado específicamente en equilibrio, ilustra el potencial transversal de este tipo de intervención.

Se trataba de un paciente de mediana edad, con esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo, síndrome depresivo grave y un alto grado de dependencia, que además no se comunicaba verbalmente y presentaba un patrón restrictivo alimentario severo, con nutrición enteral mediante PEG.

Durante una sesión orientada al trabajo de miembro superior, en la que el ejercicio simulaba el gesto de comer sopa, el paciente comenzó posteriormente a comer de nuevo.

El equipo no esperaba ese resultado y no puede interpretarse como una relación causal directa, pero sí muestra cómo una tarea virtual con significado funcional puede desencadenar respuestas relevantes más allá del objetivo motor inicial.

"Con un ejercicio simplemente de simular que está comiendo, en este caso que está con una sopa, el paciente ha empezado a comer otra vez. Es una cosa que ninguno nos esperábamos."

La importancia de la repetición, el feedback y la tolerancia a la tarea

Uno de los aspectos más interesantes de esta experiencia es que no gira en torno a la variedad, sino a la tolerancia. En este grupo de pacientes, repetir tareas conocidas puede ser terapéuticamente más útil que introducir ejercicios nuevos de forma constante.

La repetición aporta estructura. La estructura aporta seguridad. Y esa seguridad mejora la adherencia.

Además, el feedback visual facilita el aprendizaje. Poder verse representados en un avatar y asociar el movimiento con una respuesta del entorno ayuda a reforzar el esquema corporal y a mejorar el control sensoriomotor.

Este punto es especialmente relevante en pacientes cuyo esquema corporal está alterado o poco integrado. El feedback no actúa solo como refuerzo motivacional, sino también como guía para reorganizar la respuesta motora.

La clave clínica, por tanto, no está solo en que el ejercicio sea técnicamente correcto, sino en que el paciente pueda sostenerlo, comprenderlo y repetirlo sin rechazo.

“Hemos visto que tenemos mayor asistencia a nuestras sesiones, participan más en los programas, hemos reducido el absentismo y tenemos un mayor número de sesiones terminadas.”

Conclusión

La experiencia presentada por Luis Lomba en el Hospital Universitario Doctor Rodríguez Lafora muestra que la realidad virtual semiinmersiva puede integrarse de forma útil y clínicamente coherente en el abordaje fisioterapéutico de pacientes con trastorno mental grave.

Más allá de su valor como herramienta para trabajar equilibrio, coordinación o control postural, su principal interés parece estar en la capacidad para mejorar la adherencia, aumentar la participación y ofrecer una vía terapéutica bien tolerada en un grupo de pacientes especialmente complejo.

En este contexto, la tecnología no debe entenderse como un recurso accesorio ni como un elemento de innovación superficial. Su valor depende de que responda a necesidades clínicas reales, se adapte al perfil del paciente y se integre dentro de un abordaje interdisciplinar con objetivos claros.

La experiencia compartida en esta ponencia apunta precisamente en esa dirección: utilizar la realidad virtual no por novedad, sino por utilidad clínica.

Scroll al inicio