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Atención sostenida

Atención sostenida

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Esta semana seguimos con nuestro análisis de las principales funciones cognitivas. Esta vez es el turno de analizar más de cerca la atención sostenida. De la misma forma en que en otras entradas hemos analizado (y analizaremos) otras funciones cognitivas, en este breve artículo hablaremos en un poco más de detalle sobre este tipo de atención. Lo primero será definirla para luego mirar en más detalle cuáles son los síntomas o los resultados de un deterioro en la atención sostenida. A continuación, miraremos a qué patologías pueden afectar a este tipo de atención y, por supuesto, a distintas formas de abordar su recuperación.

Muchas personas piensan que mantener o sostener la atención es algo fácil. Después de todo, distintos estudios nos dicen que existe algo llamado “inercia atencional” que, si logramos mantener la atención durante quince segundos, nos será más fácil que conseguir mantener la atención de forma continua. Además, como muchos sabemos, mantener la atención también suele ser más fácil cuando realizamos actividades o tareas que nos resultan interesantes o cuando las realizamos en un ambiente agradable. Pero, ¿qué sucede si queremos mantener la atención en otras condiciones?

Ejemplos de la atención sostenida

Como os podréis imaginar, existen distintos tipos de atención que son controlados por circuitos cerebrales diferentes. La atención sostenida es solo uno de los tipos de atención que la mayoría de nosotros utilizamos a diario. Pero, ¿qué es exactamente? Normalmente se entiende que la atención sostenida nos permite mantener el foco de nuestra atención en un estímulo el tiempo suficiente, aún en la presencia de distracciones o del incremento de la fatiga. En otras palabras, este tipo de atención hace referencia a la persistencia de la atención. Desde un punto de vista más teórico, se suele decir que la atención sostenida se divide en la vigilancia, que nos permite detectar la aparición de un estímulo, y la concentración, por la cual podemos fijarnos en dicho estímulo. Pero en esta ocasión no vamos a entrar en tanto detalle.

Algunas actividades que requieren de la atención sostenida son el estudiar, el conducir o el desempeño de las actividades de la vida diaria. En el primer caso, el estudio requiere que prestemos atención en clase o que leamos libros durante periodos largos de tiempo. Lo mismo sucede si conducimos: necesitamos estar pendientes de la carretera para llegar a nuestro destino.

El deterioro de la atención sostenida

Ahora que ya tenemos claro qué es la atención sostenida, nos será más fácil explicar en qué consiste su deterioro. A muchos de nosotros le costaría mantener la atención si realizamos una tarea monótona durante un tiempo prolongado o si nos distrae un estímulo más llamativo mientras realizamos dicha tarea. Sin embargo, que esto suceda no quiere que nuestra atención se haya deteriorado. Si se produce un deterioro importante en nuestra atención sostenida sería algo tan notable que lo notaríamos en todas las actividades que realizamos a lo largo del día.

Si volvemos a los ejemplos anteriores, un deterioro en este tipo de atención afectaría nuestra capacidad de estudiar o conducir porque nos costaría más mantener la atención durante la ejecución de esas actividades y, por lo tanto, nos distraeríamos más. Básicamente, un deterioro dará como resultado una mayor fatiga e ineficiencia al realizar cualquier actividad. Además, como veremos en la siguiente sección, el deterioro de la atención sostenida suele ser el resultado de distintas patologías o incluso, de un envejecimiento normal.

Patologías de la atención sostenida

Como vimos en la sección anterior, existen distintas patologías o trastornos que pueden afectar a nuestra atención sostenida. Quizás uno de los trastornos de la atención sostenida más conocida es el Trastorno de Déficit de Atención con y sin Hiperactividad (TDAH y TDA, respectivamente). En este trastorno del neurodesarrollo, como muchos ya sabemos, los pacientes (que suelen ser niños) suelen presentar problemas para prestar atención o para controlar conductas impulsivas. En los casos en los que predomina la falta de atención, los niños suelen tener problemas para organizarse, terminar una tarea, prestar atención a los detalles o seguir instrucciones o conversaciones. Además, estos niños suelen distraerse fácilmente.

Por otro lado, en otros trastornos como la dislexia, la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer o en las demencias en general también pueden presentarse problemas en la atención, incluyendo la sostenida. También es muy común que aparezca un déficit en la atención sostenida en las personas que han sufrido una lesión cerebral, cuya causa haya sido un ictus o un traumatismo craneoencefálico (TCE). Desafortunadamente, como podéis ver, hay muchas patologías que pueden dar como resultado un déficit en este tipo de atención.

El déficit de atención sostenida

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Distintos estudios clínicos proporcionan evidencia de que la estimulación cognitiva puede mejorar la atención sostenida. Si una persona “usa” su atención, ésta se verá reforzada. Es por eso que realizar actividades que requieran el uso de la atención puede ser muy beneficioso para nosotros.

En Rehametrics, de entre los más de 140 ejercicios cognitivos que tenemos, contamos con más de veinte ejercicios diseñados para estimular la atención. Entre los ejercicios que pueden usarse para estimular la atención sostenida directamente encontramos:

Atención sostenida: el paciente deberá focalizar su atención en pantalla para tocar todos los objetos que están en ella antes de que desaparezcan.

Percepción visual simple I y II: aparecerán varias siluetas o sombras de objetos reales alrededor de la imagen real del objeto. El paciente debe seleccionar la silueta o la sombra que corresponde a la imagen real.

Percepción visual compleja I y II: aparecerán varias siluetas o sombras de objetos reales alrededor de la imagen del objeto. Las siluetas y las sombras tendrán una rejilla encima o se habrá borrado parte de ellas para dificultar su identificación. El paciente deberá seleccionar la silueta o la sombra que corresponda con la imagen real.

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