Tecnología de rehabilitación en el abordaje de la fragilidad: la experiencia de la Fundación Sanitaria Mollet
Durante la I Jornada de Realidad Virtual en Rehabilitación, celebrada en el Hospital Universitario MútuaTerrassa en abril de 2026, Marta Pascasio, fisioterapeuta coordinadora del servicio de rehabilitación de la Fundación Sanitaria Mollet, compartió la experiencia de su equipo en la atención a la fragilidad mediante distintas herramientas de rehabilitación digital.
Su intervención partió de una idea muy clara: en rehabilitación no basta con saber qué sería importante que el paciente hiciera. El verdadero reto es conseguir que esa persona lo haga, lo mantenga en el tiempo y lo integre dentro de su proceso de recuperación.
A partir de ahí, presentó un modelo transversal en el que la tecnología no se incorpora como algo aislado, sino como parte de una estrategia clínica más amplia, orientada a mejorar la adherencia, trabajar distintas dimensiones de la persona y facilitar la continuidad terapéutica en contextos asistenciales muy diferentes.
Tabla de contenidos
Fragilidad y adherencia: el problema clínico de fondo
Uno de los aspectos más interesantes de la ponencia fue la forma en que Marta Pascasio definió la fragilidad. No la limitó únicamente a personas muy mayores o con gran dependencia, sino que la planteó como un estado de vulnerabilidad que puede aparecer en perfiles muy diversos.
En su experiencia, también son personas frágiles muchos pacientes con dolor persistente o con pérdida funcional progresiva. Esa fragilidad se asocia a más dolor, más dificultades para moverse, pérdida de capacidad funcional e incluso deterioro cognitivo.
Por eso, el problema no es solo qué tratamiento se prescribe, sino si la persona llega realmente a hacerlo. Pascasio lo resumió con una reflexión muy reconocible en la práctica clínica: muchas veces el profesional intenta que el paciente trabaje cosas que considera muy importantes, pero el paciente no las vive de la misma manera.
“No sé si os ha pasado a vosotros que a veces quieres que la gente trabaje, que haga cosas que a ti te parecen que son muy importantes, pero que para los pacientes no son importantes.”
Desde esa perspectiva, la tecnología cobra valor no por resultar novedosa, sino porque puede ayudar a que las personas participen más, mantengan la actividad terapéutica y hagan aquello que realmente necesitan para mejorar su salud.
“Necesitamos cambiar porque necesitamos herramientas más motivadoras, necesitamos que sean integrados.”
Tecnología de rehabilitación en residencias geriátricas
Uno de los entornos donde el equipo de la Fundación Sanitaria Mollet ha implantado estas herramientas es el de las residencias geriátricas. Según explicó Marta Pascasio, cuentan con dos residencias que atienden aproximadamente a un centenar de personas entre residentes y usuarios de centro de día.
En estos entornos utilizan tablets con Rehametrics Cognitivo para la parte de psicoestimulación, especialmente en personas con deterioro cognitivo leve o moderado, y realidad virtual con Rehametrics para trabajar sobre todo la dimensión física y las actividades de la vida diaria.
Se trata de perfiles con fragilidad muchas veces avanzada, por lo que la selección de objetivos y la personalización del contenido son especialmente importantes. Los profesionales de rehabilitación, ya sean fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales o psicólogas, cargan el perfil terapéutico y deciden qué tipo de trabajo debe realizar cada persona.
Uno de los elementos que destacó fue que este modelo permite ampliar el alcance de la intervención. Una vez el profesional ha pautado el contenido, la red de voluntariado y los alumnos en prácticas pueden contribuir a que más personas utilicen las tablets y realicen actividad terapéutica con mayor frecuencia.
Realidad virtual en un centro de personas con discapacidad
Otro de los bloques más llamativos de la charla fue el dedicado al centro de personas con discapacitad, donde utilizan realidad virtual con perfiles funcionales muy distintos.
Marta Pascasio mostró ejemplos de usuarios con un nivel de funcionalidad relativamente bueno, capaces de realizar movimientos complejos dentro de las actividades, y también otros casos con patrones de movimiento mucho más alterados o con una movilidad muy limitada.
En este contexto, subrayó la importancia de que el profesional pueda ver en una pantalla lo que la persona está haciendo dentro del entorno virtual para poder guiarla durante la tarea. Esta supervisión resulta especialmente útil cuando el usuario necesita indicaciones continuas o cuando la ejecución es más difícil de interpretar.
También explicó algo especialmente interesante desde el punto de vista clínico: incluso en perfiles con gran afectación pueden aparecer respuestas que, fuera de ese entorno, costaría mucho más desencadenar. En uno de los casos, un usuario que apenas se movía llegaba a participar verbalmente dentro de la actividad. Para el equipo, esto refuerza la idea de que la realidad virtual puede facilitar implicación, provocar conductas útiles y favorecer aprendizajes con posible transferencia a la vida diaria.
“Pensar que con estas personas es superdifícil trabajar y puedes llegar a conseguir que hagan cosas que con realidad virtual consigues que luego lo traslades a la vida real. Entonces, para nosotros, la verdad es que es sorprendente, aparte que les encanta.”
Estimulación cognitiva digital en salud mental
La ponencia también mostró la aplicación de estas herramientas en salud mental. En este caso, el equipo utiliza tablets para trabajar estimulación cognitiva en personas muy medicadas y con alteraciones cognitivas asociadas.
Aquí el objetivo no es solo ofrecer una actividad, sino adaptarla de forma individualizada. Son las propias psicólogas quienes cargan el programa de cada persona y ajustan la progresión en función de la evolución observada.
Este punto resulta relevante porque muestra que la rehabilitación digital no se limita a ámbitos motores o geriátricos. También puede tener valor en pacientes con dificultades atencionales, lentitud de procesamiento o afectación cognitiva secundaria al trastorno psiquiátrico o a su tratamiento.
Atención intermedia: resultados en pacientes frágiles
Según explicó Marta Pascasio, una de las partes más importantes del proyecto de fragilidad se desarrolla en atención intermedia. Allí combinan distintos recursos: estimulación cognitiva con tablets, Rehametrics Físico, musicoterapia y terapia con animales.
Lo interesante de este enfoque es que no se trabaja una única dimensión de la persona. La intervención busca integrar aspectos físicos, cognitivos y emocionales dentro de un mismo proceso terapéutico.
“El primer día se valora la persona, vemos las posibilidades de cada uno, los gustos de cada uno y a partir de aquí el terapeuta ocupacional les carga una serie de actividades específicas para esa persona.”
En este entorno, la ponente destacó que estaban observando resultados muy positivos en periodos relativamente cortos, de entre cuatro y cinco semanas. A partir de valoraciones funcionales, veían cómo algunas personas pasaban de un estado de prefrágil a autonomía o de frágil a prefrágil. (en la batería SPPB)
Más allá del dato concreto, el mensaje clínico es importante: en pacientes frágiles, un abordaje intensivo, motivador y bien organizado puede generar cambios funcionales relevantes en un tiempo relativamente breve.
“Todos mejoran, o sea, pasándoles SPPB vemos que pasan de un prefágil a autonomía, de un frágil a prefrágil.”
Psicogeriatría, Parkinson y pantallas táctiles
En el hospital de día de psicogeriatría trabajan con personas con alteración cognitiva utilizando varios programas, entre ellos Rehametrics. En este contexto, Marta Pascasio señaló un aspecto muy práctico pero de gran valor clínico: la importancia de las pantallas táctiles.
En personas con Parkinson o con dificultades para escribir, el uso de una pantalla táctil facilita mucho más la participación que los formatos convencionales. Les permite mantenerse más tiempo en la tarea y reduce barreras que, en cambio, sí aparecen con actividades en papel o con tareas menos interactivas.
Además, el color, los sonidos y el feedback inmediato ayudan a sostener la atención y la implicación. No se trata solo de hacer la tarea más entretenida, sino de facilitar que la persona realmente pueda adherirse a la actividad.
“El hecho de que se hagan colores, sonidos, el feedback del juego hace que consigan hacer cosas que con una ficha no la hacen. Y para personas con Parkinson, utilizar una pantalla táctil les facilita adherirse a la actividad, poder estar más rato.”
Qué ha aprendido el equipo al implantar estas herramientas
La última parte de la ponencia fue especialmente útil porque no idealizó la tecnología. Marta Pascasio compartió de forma muy clara qué habían aprendido durante la implantación.
En primer lugar, que hace falta seleccionar bien a los pacientes. No todas las personas toleran igual una pantalla, una tablet o unas gafas de realidad virtual. Algunas pueden marearse, sentirse incómodas o rechazar directamente ese formato. Por eso, la valoración previa y la escucha de preferencias son fundamentales.
En segundo lugar, que hace falta formación. Los profesionales deben conocer bien las herramientas y probarlas antes de incorporarlas a la práctica clínica.
En tercer lugar, que la tecnología no sustituye al profesional. Forma parte del proceso, pero necesita criterio clínico, seguimiento, adaptación y supervisión.
Y en cuarto lugar, que la implementación debe ser progresiva. Dispositivos, actualizaciones, permisos y circuitos organizativos pueden convertir la implantación en algo muy exigente si se intenta hacer todo a la vez.
También destacó el valor de la red de voluntariado y otros profesionales. Cuando el profesional valora a la persona, pauta el contenido y realiza el seguimiento, otras figuras pueden ayudar a sostener la continuidad de estas intervenciones y llegar a más usuarios sin perder el control terapéutico.
“No sustituye nunca al profesional. Forma parte del proceso.”
Conclusión
La experiencia presentada por Marta Pascasio muestra que la tecnología puede desempeñar un papel muy útil en el abordaje de la fragilidad cuando se integra con criterio clínico y dentro de un modelo asistencial bien organizado.
Su aportación no está solo en hacer la rehabilitación más atractiva, sino en ayudar a que las personas participen más, mantengan la actividad terapéutica en distintos contextos y continúen haciendo aquello que necesitan para preservar su funcionalidad y su autonomía.
En residencias geriátricas, centros de discapacidad, salud mental, atención intermedia, psicogeriatría o incluso diálisis, la tecnología actúa aquí como una herramienta al servicio de un objetivo mucho más amplio: sostener la rehabilitación en la vida real del paciente.