Heminegligencia tras el ictus: qué dice la evidencia reciente sobre la realidad virtual | Rehametrics
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Heminegligencia tras el ictus: qué dice la evidencia reciente sobre la realidad virtual

La heminegligencia es una de las secuelas del ictus que más condicionan la rehabilitación y una de las que menos se dejan tratar con métodos convencionales. En los últimos años se han publicado una revisión Cochrane, dos revisiones sistemáticas sobre tecnología, un ensayo aleatorizado con realidad virtual y un estudio con pacientes y cuidadores que permiten decir con bastante precisión qué sabemos, por qué la realidad virtual encaja con este cuadro, qué muestra hasta ahora y dónde está todavía el límite. Este artículo lo resume para quien trabaja con estos pacientes en neurorrehabilitación, terapia ocupacional y neuropsicología.

Por el equipo de Rehametrics · Lectura de 12 min · Actualizado en 2026

Qué es la heminegligencia y a cuántos pacientes afecta

La heminegligencia, o negligencia espacial unilateral, es la dificultad para atender, percibir o responder a los estímulos del lado del espacio opuesto a la lesión cerebral, sin que lo explique un déficit visual o motor primario. La persona come la mitad del plato, se afeita media cara, choca con el marco de la puerta por la izquierda o deja de leer a mitad de línea, y con frecuencia no es consciente de que lo hace. Aparece sobre todo tras lesiones del hemisferio derecho, y es uno de los factores que más retrasan la recuperación funcional, porque interfiere con todo lo demás: con la marcha, con el uso del brazo, con las actividades de la vida diaria y con la seguridad.

Sobre su frecuencia, una revisión sistemática publicada en 2021 en Annals of Physical and Rehabilitation Medicine reunió 41 estudios con 6.324 pacientes y estimó una prevalencia global del 30% tras un ictus unilateral: un 38% tras lesión del hemisferio derecho y un 18% tras lesión del izquierdo, que es más de lo que se suele suponer. Dos detalles de esa revisión interesan al clínico: la prevalencia fue mucho mayor cuando se usaron valoraciones ecológicas, ligadas a actividades reales, que cuando se usaron tests de papel y lápiz (53% frente a 24%), y disminuyó de la fase aguda a la crónica, aunque los autores reconocen que la cifra en fases tardías está mal estimada.

Lo que dice la revisión Cochrane de 2021

La referencia obligada es la revisión Cochrane de Longley y colaboradores, publicada en 2021, que analizó las intervenciones no farmacológicas para la negligencia espacial tras el ictus y otras lesiones cerebrales no progresivas. Incluyó 65 ensayos aleatorizados con 1.951 participantes y una gran variedad de enfoques: entrenamiento de exploración visual, adaptación prismática, estimulación sensorial, activación del hemicuerpo, técnicas de movimiento, estimulación cerebral no invasiva y, en algunos estudios, realidad virtual.

Su conclusión merece citarse tal cual: la eficacia de estas intervenciones para mejorar la capacidad funcional en las actividades de la vida diaria sigue sin demostrarse, porque ningún enfoque se ha investigado con ensayos de calidad y con tamaño suficiente. Solo dos de los 65 estudios se consideraron con bajo riesgo de sesgo, todos tenían menos de 50 participantes por grupo y no se encontró ningún ensayo de fase III. Los autores añaden algo igual de importante: que esa falta de pruebas no es una prueba de ineficacia, y que, como recomiendan varias guías clínicas nacionales, los profesionales deben seguir rehabilitando la negligencia con los objetivos de cada paciente, participando en investigación siempre que puedan.

Cómo leer la Cochrane. El mensaje no es que nada funcione, sino que casi nada se ha estudiado como se debería. Eso sitúa la heminegligencia en un terreno distinto al de la rehabilitación del miembro superior o del equilibrio, donde ya hay metaanálisis con cientos de pacientes: aquí cualquier afirmación rotunda, a favor o en contra de una técnica, va por delante de los datos.

Por qué la realidad virtual tiene sentido en la heminegligencia

Antes de mirar los resultados conviene entender por qué tantos grupos han probado la realidad virtual en este cuadro en particular. La heminegligencia no es un problema de los ojos, sino de la atención espacial: el cerebro deja de dar prioridad a una mitad del espacio, y la rehabilitación consiste, en esencia, en volver a llevar la atención hacia ese lado, una y otra vez, hasta que la exploración se automatiza. Las técnicas convencionales lo intentan por varias vías: enseñar a la persona a explorar de forma deliberada hacia la izquierda, usar estímulos llamativos que capten la atención desde fuera, activar el brazo del lado afectado o recalibrar la percepción del espacio con gafas prismáticas.

El problema del material habitual es el tamaño del espacio que abarca. Una hoja de papel o una tablet ocupan unos pocos grados del campo visual, siempre delante de la persona y a la distancia del brazo; se puede explorar entera sin mover la cabeza, y la negligencia que más incapacita en la vida diaria, la que hace que alguien choque con el marco de una puerta o no vea el coche que viene por la izquierda, ocurre en el espacio grande, el que exige girar la cabeza y el tronco y mirar a lo lejos. Las gafas de realidad virtual envuelven a la persona: los estímulos pueden aparecer a noventa grados a la izquierda, lejos o cerca, arriba o abajo, y la única forma de encontrarlos es girar hacia el lado que el cerebro ignora. El espacio cercano y el lejano, que en la heminegligencia pueden estar afectados de forma distinta, se trabajan en el mismo entorno, y lo que la persona hace se parece más a cruzar una calle que a tachar estrellas en un folio.

La segunda razón es el control del estímulo. Un ejercicio virtual puede diseñarse para que los objetivos aparezcan en todo el espacio, con el tamaño, el sonido y el movimiento que convengan, de modo que la persona tenga que buscar también a la izquierda; y los estudios experimentan con señales llamativas que atraen la atención desde fuera o con desplazar todo el fondo para empujar la búsqueda hacia el lado negligido, como hace el ensayo que se describe más abajo. La tercera es la respuesta inmediata: la persona ve y oye al instante si ha encontrado el objetivo, lo que mantiene la atención activa y ayuda frente a la anosognosia, que en este cuadro hace que muchos pacientes no vean por qué tienen que entrenar. Y la cuarta es la medida: cada búsqueda deja registrado dónde estaba el estímulo y si se encontró, con lo que se puede ver la evolución del lado izquierdo con una resolución que la cancelación en papel no tiene. La captura de movimiento frente a una pantalla grande comparte parte de estas ventajas, con un campo más amplio que la tablet y la posibilidad de trabajar de pie y moviendo el tronco, aunque sin envolver a la persona.

Teoría y datos. Estas razones explican por qué la realidad virtual es plausible en la heminegligencia y por qué la mayoría de los estudios pequeños encuentran mejoras. Que esas mejoras se trasladen a la vida diaria es lo que los ensayos todavía tienen que demostrar, y es lo que las secciones siguientes repasan.

Qué aporta la realidad virtual, según las revisiones de 2023 y 2025

Dos revisiones recientes han mirado en concreto la tecnología. La de Salatino y colaboradores, publicada en 2023 en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, revisó 26 estudios entre 2000 y 2022 y los clasificó por grado de inmersión: realidad virtual no inmersiva (pantalla), semiinmersiva (pantalla grande o proyección con captura del movimiento) e inmersiva (gafas). El 84,6% de los estudios encontró mejoras en alguna medida de negligencia: el 85,7% de los no inmersivos, el 100% de los semiinmersivos y el 55,6% de los inmersivos. La otra cara es la calidad: solo el 42,3% tenía grupo control y solo el 19,2% era un ensayo aleatorizado. La conclusión de los autores es que la realidad virtual abre oportunidades reales para la rehabilitación de la negligencia, pendientes de confirmarse con ensayos controlados.

La más reciente, de Somma y colaboradores, publicada en diciembre de 2025 en Journal of NeuroEngineering and Rehabilitation, se centró en las tecnologías tridimensionales, realidad virtual inmersiva y no inmersiva, realidad aumentada y mixta y robótica, tanto para evaluar como para tratar la negligencia. De 2.891 referencias seleccionó 37 estudios: 15 de evaluación, 17 de tratamiento y 5 técnicos. Su lectura es que estas herramientas ofrecen escenarios realistas y una estimulación precisa que los tests de papel no permiten, pero que siguen en fase experimental temprana, con protocolos poco estandarizados y resultados demasiado heterogéneos para un metaanálisis.

Juntas, las dos revisiones dibujan la misma imagen: muchos estudios pequeños con resultados favorables, pocos ensayos controlados, y un interés creciente por usar la tecnología no solo para entrenar sino para evaluar, porque un entorno tridimensional permite medir cuánto explora la persona el espacio izquierdo, hacia dónde gira la cabeza y a qué estímulos responde, con un detalle que la cancelación de estrellas en papel no da.

Actividad de control cefálico en realidad virtual: la persona gira la cabeza para localizar estímulos que aparecen en todo el campo visual
Las tres modalidades de realidad virtual que distingue la revisión de 2023 comparten una idea: llevar la atención de la persona hacia el lado que ignora, con estímulos que se pueden controlar y medir.

Un ensayo reciente: buscar estímulos en el lado olvidado

Para ver cómo se traduce esto en un estudio concreto, Motomura y colaboradores publicaron en 2024 en Archives of Physical Medicine and Rehabilitation un ensayo aleatorizado doble ciego con 42 pacientes en fase aguda con lesión del hemisferio derecho y negligencia en la vida diaria. Se compararon tres tareas en realidad virtual durante cinco días: buscar globos que aparecían de repente en la pantalla, la misma tarea con un desplazamiento del fondo que empujaba la búsqueda hacia el espacio izquierdo, y una tarea control de mantener la mirada en un globo fijo.

Las dos tareas de búsqueda mejoraron el tiempo de reacción a los estímulos del lado izquierdo frente al control, y la versión con desplazamiento del fondo mejoró más en la zona más izquierda, la más afectada. En cambio, las escalas clínicas convencionales, el test de inatención conductual, la escala de Catherine Bergego y la prueba de señalar al frente, no mostraron diferencias entre grupos. Es un resultado típico de este campo y admite dos lecturas: la tarea cambió lo que entrenaba, la rapidez para detectar estímulos a la izquierda, y en cinco días no cambió lo que las escalas funcionales miden. Los propios autores lo presentan como una señal de que los estímulos que atraen la atención hacia el espacio negligido pueden ayudar, no como una prueba de eficacia funcional.

Lo que dicen pacientes y cuidadores

Un estudio cualitativo publicado en 2026 en JMIR Rehabilitation and Assistive Technologies entrevistó a diez pacientes con negligencia y a ocho cuidadores informales que habían probado tres juegos serios de realidad extendida, uno en realidad virtual y dos en realidad aumentada, diseñados para el entrenamiento de exploración visual, que es el tratamiento que recomiendan las guías. Los pacientes describieron una implicación y un disfrute altos y, en su mayoría, se mostraron dispuestos a usar los juegos tanto en el centro como en casa; los cuidadores coincidieron y subrayaron el valor motivacional. Los dos grupos pidieron instrucciones accesibles y apoyo técnico, y los autores concluyen que una misma solución no vale para todos: hacen falta funciones personalizables, un apoyo estructurado y atención al papel distinto que juega cada cuidador.

Para quien trata la heminegligencia, el dato relevante es la motivación. El entrenamiento de exploración visual convencional es repetitivo, y la negligencia se acompaña con frecuencia de anosognosia, de modo que la persona no ve por qué tiene que hacerlo. Que una tarea sea agradable y tenga un objetivo visible es, en este cuadro, bastante más que un detalle de presentación.

Qué cambia en la sala

Con la evidencia en la mano, trabajar la heminegligencia con realidad virtual introduce algunas diferencias concretas respecto al material convencional. Cada equipo las valorará según su población y su forma de trabajar.

La primera es el control del estímulo. Un ejercicio virtual lleva incorporado dónde aparecen los objetivos, cuánto duran y qué distractores los acompañan, y el profesional ajusta la dificultad sin rehacer el material. La segunda es el campo de trabajo: con las gafas, la sesión deja de estar limitada a lo que cabe delante de la persona y pasa a ocupar todo el espacio que la rodea. La tercera es el registro: dónde ha mirado la persona, a qué estímulos ha respondido y con qué latencia, sesión tras sesión, lo que permite ver la evolución del hemiespacio izquierdo con más resolución que un test puntual. Y la cuarta es la motivación, que los estudios con pacientes describen de forma consistente.

El límite también está claro en la literatura. Las mejoras que se miden con más facilidad son las de la tarea entrenada, y la transferencia a la vida diaria, que es lo que de verdad importa, está peor documentada. Por eso la valoración funcional, con las escalas ecológicas que la revisión de prevalencia señalaba como las más sensibles, la hace el profesional, y la tecnología es una herramienta más dentro de un plan que combina varios enfoques.

Escena urbana en realidad virtual para una actividad de cruzar la calle que exige vigilar el tráfico que llega por la izquierda
Espacio cercano y espacio lejano: en un entorno tridimensional se puede trabajar lo que está al alcance de la mano y lo que obliga a girar la cabeza.

Cómo lo aborda Rehametrics

Rehametrics VR incluye actividades pensadas para la heminegligencia en gafas Meta Quest, con seguimiento de manos y sin mandos: control cefálico, en el que la persona busca estímulos que aparecen en todo el campo visual y debe girar la cabeza hacia el lado que ignora; cruzar la calle, que exige vigilar los coches que llegan por la izquierda y por la derecha antes de decidir el momento de cruzar; colocar objetos horizontalmente, que lleva la mano hacia el hemicampo izquierdo; y explotar burbujas en un espacio amplio evitando distractores. El terapeuta controla la sesión desde un ordenador con pantalla espejo y puede trabajar en realidad mixta, con la sala visible, en las primeras sesiones. El artículo sobre ejercicios de heminegligencia en gafas de realidad virtual los describe uno a uno.

En Rehametrics Cognitivo, en tablet o pizarra digital, hay tareas de atención, inhibición, rastreo visual y secuenciación en las que los estímulos se distribuyen por toda la pantalla y la persona tiene que explorarla entera para resolverlas, con registro de aciertos, errores y tiempo de respuesta en cada ítem. Están recogidas en ejercicios para trabajar la heminegligencia en una tablet. La página de rehabilitación de la heminegligencia reúne el resto de recursos.

Lo que la plataforma registra es el rendimiento en esas tareas, aciertos, errores, tiempos, nivel alcanzado; la valoración de la negligencia en la vida diaria y la decisión sobre qué combinar con qué corresponden al equipo.

30% de los ictus unilaterales cursan con negligencia espacial
65 ensayos en la revisión Cochrane de 2021
+40 estudios clínicos
CE producto sanitario con marcado CE

Preguntas frecuentes

¿La realidad virtual ha demostrado eficacia en la heminegligencia?

La mayoría de los estudios publicados encuentra mejoras en medidas de negligencia, pero son pequeños y pocos están controlados; la revisión de 2023 contó un 84,6% de estudios con mejoras y solo un 19,2% de ensayos aleatorizados. La Cochrane de 2021 concluye que ninguna intervención, tecnológica o no, ha demostrado todavía mejorar la vida diaria con ensayos de calidad. La realidad virtual se usa como una herramienta más, con esa prudencia.

¿Es mejor la realidad virtual inmersiva o la de pantalla?

La revisión de 2023 encontró mejoras en una proporción mayor de estudios semiinmersivos y no inmersivos que inmersivos, pero los grupos eran pequeños y heterogéneos y no permiten decir que una modalidad sea superior. Cada una tiene sus ventajas: las gafas permiten trabajar el espacio lejano y el giro de cabeza; la pantalla, con o sin captura de movimiento, es más sencilla de introducir y tolerar.

¿Qué mide la tecnología que no mida un test de papel?

Dónde aparece cada estímulo y si la persona lo detecta, con qué latencia y en qué zona del espacio, sesión tras sesión. Las revisiones recientes destacan ese potencial para la evaluación. La valoración funcional, con escalas ligadas a la vida diaria, sigue siendo del profesional.

¿Los pacientes con heminegligencia toleran las gafas?

En el estudio cualitativo de 2026, los pacientes describieron una implicación y un disfrute altos y pidieron instrucciones claras y apoyo técnico. La anosognosia y la fatiga son frecuentes en este cuadro y condicionan cada caso; las primeras sesiones cortas, sentadas y con la sala visible en realidad mixta facilitan la introducción.

¿Qué actividades de Rehametrics se usan para la heminegligencia?

En gafas, control cefálico, cruzar la calle, colocar objetos horizontalmente y explotar burbujas; en tablet, tareas de atención, inhibición, rastreo y secuenciación con estímulos distribuidos por toda la pantalla. La plataforma registra aciertos, errores, tiempo de respuesta y nivel en cada una.

¿Quieres verlo con tus propios pacientes?

Te enseñamos las actividades de heminegligencia en gafas y en tablet, cómo se configuran los estímulos y qué queda registrado en cada sesión, y cómo las están usando otros servicios de neurorrehabilitación.

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