Evidencia científica de la realidad virtual en rehabilitación musculoesquelética: qué dice la investigación

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Evidencia Científica · Rehabilitación Física

Evidencia científica de la realidad virtual en rehabilitación musculoesquelética: qué dice la investigación

Las revisiones sistemáticas más recientes no concluyen que la realidad virtual «funcione» en bloque para la rehabilitación física. Concluyen que funciona para algunas condiciones y algunas métricas, no para todas, y que buena parte de lo que genera dudas en consulta —mareo, gafas, seguridad en pacientes mayores— depende del tipo de tecnología, no de la realidad virtual en general.

Por el equipo de Rehametrics · Lectura de 10 min · Actualizado en 2026

Realidad virtual inmersiva y no inmersiva: una distinción que importa

Cuando un fisioterapeuta escéptico escucha «realidad virtual en rehabilitación», es habitual que piense en unas gafas, un entorno de 360º y, quizá, en el riesgo de mareo. Esa imagen es real, pero solo describe una parte del campo. La literatura científica agrupa bajo el mismo término dos cosas bastante distintas: la realidad virtual inmersiva, con visor o gafas que sustituyen el campo visual del paciente, y la realidad virtual no inmersiva, en la que el paciente ve una pantalla o proyección y un sistema de cámara captura su movimiento real, sin gafas ni mandos ni sensores corporales.

Esta distinción no es un matiz menor: en la revisión más amplia que repasamos en este artículo, 7 de los 14 metaanálisis incluidos se centraban exclusivamente en RV inmersiva, mientras que el resto mezclaba estudios de ambos tipos. Cuando un titular dice «la realidad virtual mejora X», conviene preguntar de qué tecnología en concreto hablan los estudios incluidos, porque los resultados —y, como veremos, los riesgos— no son intercambiables entre una modalidad y otra.

Dónde se sitúa Rehametrics. Rehametrics Físico, el módulo de rehabilitación musculoesquelética de la plataforma, es un sistema no inmersivo: cámara y proyector, sin gafas ni mandos. Rehametrics cuenta además con una línea de gafas de realidad virtual inmersiva orientada a terapia ocupacional y cognitiva (hand tracking). Este artículo se centra en la vertiente no inmersiva aplicada a patología musculoesquelética.
Sistema de captura de movimiento sin gafas ni sensores de Rehametrics, en sesión de rehabilitación física
En la modalidad no inmersiva, el paciente ve una pantalla o proyección y una cámara registra su movimiento real, sin visor ni mandos.

Qué dice la evidencia más reciente en patología musculoesquelética

La referencia más completa disponible hasta ahora es una revisión umbrella publicada en el Journal of Medical Internet Research en 2025, que sintetiza 14 metaanálisis publicados entre 2019 y 2024, con un total de 13.184 pacientes, sobre el uso de realidad virtual en distintas patologías musculoesqueléticas. Una revisión umbrella no genera datos nuevos: reúne y compara lo que ya han concluido otros metaanálisis, lo que la hace especialmente útil para hacerse una idea de conjunto sin depender de un único estudio.

Lo más relevante de sus resultados no es una conclusión única, sino que varía mucho según la condición y la métrica que se mire:

  • Dolor de rodilla: la realidad virtual inmersiva reduce el dolor y mejora el equilibrio frente a la rehabilitación tradicional, pero no muestra diferencias significativas en velocidad de marcha ni en rango de movimiento.
  • Lumbalgia: reduce de forma significativa el dolor inmediato (diferencia de medias –1,43; p<.001).
  • Cervicalgia: aquí la evidencia es la más débil de las analizadas: varios de los metaanálisis incluidos no encuentran diferencias significativas frente a la rehabilitación convencional, ni en intensidad de dolor ni en rango de movimiento.
  • Artroplastia de cadera o rodilla: mejores resultados en puntuaciones funcionales específicas (HSS, WOMAC), pero sin diferencias significativas en la prueba de 6 minutos caminando.

Más allá de esta revisión umbrella, varios ensayos clínicos individuales más recientes amplían el panorama por articulación concreta, aunque no sean metaanálisis. En capsulitis adhesiva de hombro («hombro congelado»), un ensayo controlado aleatorizado publicado en 2025 con 36 pacientes encontró mejoras significativas en dolor y rango de movimiento tras 4 semanas de ejercicio con realidad virtual, en línea con los resultados obtenidos con fisioterapia convencional. En equilibrio y prevención de caídas en personas mayores, el ensayo V-TIME, publicado en The Lancet (302 pacientes), combinó entrenamiento en cinta de marcha con un sistema de realidad virtual no inmersiva —cámara y proyección, sin gafas— y encontró una reducción significativa de las caídas frente al entrenamiento en cinta sola (razón de tasas de incidencia 0,58; IC 95% 0,36-0,96; p=0,033). Es un dato relevante porque confirma, con un ensayo grande e independiente, que la modalidad no inmersiva también tiene evidencia propia y no es solo «la versión sin gafas» de la inmersiva.

Conviene también ser honestos con la calidad de esta evidencia: al evaluarla con el sistema GRADE, la gran mayoría de los resultados se clasificaron como de calidad baja o moderada, y solo uno se valoró como de calidad alta. Esto no invalida los hallazgos, pero sí pide cautela antes de presentarlos como una verdad cerrada.

En la práctica. Esta evidencia no respalda la idea de que «la realidad virtual sirve para todo». Respalda que puede ser una herramienta útil para algunas condiciones —dolor de rodilla, lumbalgia, recuperación funcional tras artroplastia— y que, para otras, como la cervicalgia, no hay todavía una ventaja demostrada frente a la fisioterapia convencional. Qué peso darle en cada paciente sigue siendo una decisión clínica, no una conclusión automática del estudio.

Un caso con evidencia más consistente: el ligamento cruzado anterior

Dentro de este panorama heterogéneo, la rehabilitación tras reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA) es uno de los ámbitos con resultados más uniformes. Un metaanálisis publicado en PLOS ONE en 2025, que incluyó 6 ensayos clínicos aleatorizados con 387 pacientes, encontró una mejora significativa en la puntuación funcional de rodilla IKDC (diferencia de medias 4,23; IC 95% 1,76-6,71; p<.01) en el grupo tratado con tecnología de realidad virtual frente al grupo control, además de mejoras en la capacidad de marcha, la función de la marcha y la fuerza muscular de la rodilla.

Un ensayo clínico individual ilustra bien los matices que se esconden detrás de un metaanálisis: en un estudio aleatorizado con 30 pacientes tras reconstrucción de LCA, añadir realidad virtual inmersiva (PlayStation VR) a la rehabilitación convencional mejoró de forma significativa el dolor (p=0,012) y la puntuación subjetiva de rodilla IKDC (p=0,024), pero no hubo diferencias significativas frente al grupo control en carga de la extremidad, equilibrio, rango de movimiento ni pruebas funcionales de salto. No es una contradicción con el metaanálisis: es un recordatorio de que conviene mirar variable por variable, y de que con muestras pequeñas algunas mejoras reales pueden no alcanzar significación estadística.

El contraste con la cervicalgia es instructivo: ambas son patologías musculoesqueléticas frecuentes, pero la evidencia es sólida en una y débil en la otra. Esto sugiere que el factor decisivo no es «si se usa realidad virtual», sino qué tipo de lesión, qué mecanismo articular y qué variable se está intentando mejorar.

Seguridad: qué dice la investigación sobre los riesgos

El motivo de cautela que más se repite entre profesionales es el llamado cybersickness: mareo, náuseas, desorientación o alteración transitoria del control postural asociados al uso de realidad virtual. La investigación disponible confirma que existe, pero también acota bastante dónde aparece.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicado en Applied Sciences (2023) sobre cybersickness en rehabilitación con realidad virtual inmersiva concluye que, en la mayoría de los estudios con personas mayores, los síntomas son leves y poco frecuentes, aunque un estudio de viabilidad en residencias encontró una tasa de abandono del 11% asociada a mareo con sistemas totalmente inmersivos. La duración de la sesión también importa: sesiones de 20 minutos se asociaron a más síntomas que sesiones de 10 minutos en personas mayores.

Lo que distingue el riesgo según la tecnología. El cybersickness está descrito, casi en su totalidad, en sistemas con visor o gafas (RV inmersiva). Los sistemas no inmersivos —cámara y pantalla, sin visor— no exponen al paciente a ese mecanismo concreto, porque no sustituyen su campo visual real. Esto no significa que cualquier tecnología de captura de movimiento sea automáticamente apta para cualquier paciente: cada sistema tiene sus propios criterios de inclusión y exclusión —por ejemplo, un rango mínimo de movilidad activa, capacidad de colaboración o ausencia de alteraciones visuales graves— que conviene valorar caso por caso antes de incorporarlo al plan de tratamiento.

En el caso específico de la realidad virtual inmersiva, la literatura señala además otros criterios de exclusión a tener en cuenta: epilepsia fotosensible, hipertonía severa, deterioro cognitivo severo o rechazo del paciente a la tecnología.

Cómo leer esta evidencia en la práctica clínica diaria

Frente a un panorama de evidencia mixta, hay dos lecturas igual de simplistas: descartar la tecnología porque «no toda la evidencia es positiva», o adoptarla sin matices porque «hay estudios que la respaldan». Ninguna de las dos parece ajustarse a lo que muestran realmente las revisiones.

Una lectura más útil, y más realista, pasa por varias ideas: la indicación depende de la condición y de qué variable importa en ese paciente concreto (no es lo mismo buscar alivio del dolor que recuperar rango articular); la tecnología se integra como complemento de la fisioterapia convencional, no como sustituto, algo que ya señalamos al hablar de por qué muchos pacientes con dolor musculoesquelético no mejoran; y conviene fijarse en la calidad de la evidencia (GRADE, tamaño de muestra) antes de dar por buena una conclusión llamativa de un solo estudio.

Esto conecta también con algo que tratamos en el artículo sobre cómo objetivar la evolución del paciente en mutuas: más allá de lo que digan los metaanálisis sobre grupos de pacientes, el dato de evolución de cada paciente concreto —su rango, sus repeticiones, su equilibrio sesión a sesión— sigue siendo el criterio más directo para decidir si, en ese caso, la herramienta está funcionando.

El papel de Rehametrics en este marco de evidencia

Rehametrics Físico se sitúa en la vertiente no inmersiva descrita en este artículo: captura de movimiento por cámara, sin gafas, sin mandos ni sensores corporales, lo que evita el mecanismo concreto de cybersickness asociado a los sistemas con visor. Registra rango de movimiento de hombro, cadera, codo y rodilla, repeticiones y velocidad de ejecución, y en ejercicios de equilibrio, centro de gravedad y base de sustentación, compilando estos datos en informes automáticos de evolución, exportables y personalizables.

Esto no convierte a Rehametrics en una excepción a todo lo anterior: como cualquier tecnología de este tipo, su indicación depende del paciente y de la lesión, no sustituye la exploración física ni el criterio del profesional, y su valor se apoya en la misma lógica que defendemos en este artículo —usar los datos disponibles, con sus límites, en lugar de decisiones basadas solo en impresión subjetiva—. Varias mutuas españolas usan la plataforma en sus servicios de rehabilitación musculoesquelética; el caso de Unión de Mutuas, con resultados publicados en una revista científica, se describe con más detalle en el artículo enlazado más arriba sobre objetivación de la evolución en mutuas.

La plataforma cuenta con más de 30 estudios clínicos publicados y marcado CE como producto sanitario. Ninguno de esos estudios sustituye a las revisiones sistemáticas independientes que hemos repasado aquí; las consideramos complementarias: unas validan la herramienta en sí, las otras sitúan a la realidad virtual, en general, dentro del conjunto de opciones disponibles en rehabilitación.

Recursos relacionados

Preguntas frecuentes

¿La realidad virtual funciona igual para todas las lesiones musculoesqueléticas?

No. Depende del caso y de la condición: la evidencia es más sólida para dolor de rodilla, lumbalgia o recuperación tras reconstrucción de ligamento cruzado anterior, y más débil —sin ventaja demostrada frente a la rehabilitación convencional— para cervicalgia. No conviene generalizar una conclusión de un estudio a toda la patología musculoesquelética.

¿Es lo mismo realidad virtual inmersiva (con gafas) que un sistema de captura de movimiento sin gafas?

No, y la diferencia importa tanto para los resultados como para la seguridad. La RV inmersiva usa un visor que sustituye el campo visual del paciente; los sistemas no inmersivos, como Rehametrics Físico, usan cámara y pantalla o proyección, sin gafas ni mandos. Buena parte de la literatura analiza ambas por separado porque su perfil de eficacia y de riesgo no es el mismo.

¿Es segura la realidad virtual para pacientes mayores o con patologías de base?

Depende del tipo de sistema y del paciente. El riesgo más documentado, el cybersickness (mareo, desorientación), está asociado casi en su totalidad a sistemas con visor inmersivo, no a sistemas de cámara sin gafas. Aun así, cualquier tecnología de este tipo requiere valorar criterios de inclusión y exclusión individuales antes de incorporarla al tratamiento.

¿Qué dice la evidencia específicamente sobre el ligamento cruzado anterior?

Un metaanálisis de 2025 con 6 ensayos clínicos aleatorizados y 387 pacientes encontró mejoras significativas en función de rodilla, marcha y fuerza muscular con tecnología de realidad virtual frente a rehabilitación convencional. Es uno de los cuerpos de evidencia más consistentes dentro de la patología musculoesquelética.

¿Esta evidencia significa que la tecnología puede sustituir a la fisioterapia convencional?

No. En ningún estudio revisado la realidad virtual se plantea como sustituto de la fisioterapia convencional, sino como complemento dentro del plan de tratamiento. La decisión sobre cuándo y cómo incorporarla sigue correspondiendo al criterio del profesional que lleva el caso.

¿Quieres ver cómo Rehametrics aplica esta evidencia en sesión?

Te mostramos cómo funciona la captura de movimiento sin gafas ni sensores, y qué datos concretos se registran sesión a sesión.

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